Huellas
April 7, 2006Por: Andrés Salcedo
La calle es el coto de caza preferido del semiólogo. Que por cierto es, entre los pensadores modernos, el del oficio más poético: cazador de signos.
La calle está llena de signos y de símbolos que nos colocan, querámoslo o no, ante un pequeño juego intelectual: el querer desentrañarlos. El parpadeo de la luz de una ambulancia (¿llevarán a alguien conocido?). Los cambios de luz del semáforo. El vaivén de cabeza del perro amodorrado en el sardinel. Taxis que van y vienen (¿cuál vendrá desocupado?). La puerta asediada de un hospital. Los buses repletos de empleados. Un hombre que clava carramplones al lado de un flaco ojeroso que vende discos quemados y anda y desanda por los pasos de cebra como si jugara a la peregrina.
La calle ruidosa y promiscua atiborrada de carros, motos, pordioseros y vendedores ambulantes. Alguna vez pasa el carro de bomberos haciendo sonar la misma campana de hace medio siglo. Son vidas en movimiento. Sonidos que desatan emociones. Vehículos y objetos con significado. Con significados. Destinos que merecen ser hurgados, donde quiera que nos tropecemos con ellos. O con sus símbolos. En la acera, en el mostrador de la panadería, en el puestico de periódicos. (more…)






