Nuevas Urbes
January 3, 2006Parece ser que hacia allá vamos. A Urbes virtuales donde las esquinas dejaran de ser iguales en toos los laos, donde no se sacaran líneas los domingos ni se compraran fritos en la fritanga de Doña Maria.
Vía: EL TIEMPO
¿La Tierra será siempre mi casa?
POR ARMANDO SILVA@ quiere decir sin sitio, de cualquier parte del planeta.
Una vez sabemos que el mundo será cada día más afectado por las comunicaciones y las tecnologías, ¿qué hacer para preparar ciudades y ciudadanos para el futuro?
¿Es acaso la educación tradicional suficiente para responder a las necesidades de una formación exigente y continua?
En la era del conocimiento, ¿cómo abordar el aprendizaje no solo para los educandos en edad apropiada, sino para una población adulta más compelida a aprender y seguir aprendiendo?
Son algunas de las preguntas que afloran cuando nace cada año del nuevo milenio y nos vemos obligados a pensar en el futuro, que, por supuesto, ya ha comenzado.
El Museo Millenniunpoint, de Birmingham (Inglaterra), abre su nueva exposición ambiental con imágenes y voces que salen de distintos rincones mientras uno la recorre con estas inquietantes preguntas: ¿la Tierra será siempre mi casa? ¿Podrán las computadoras imaginar? ¿Viviremos con extraterrestres? ¿Serán reemplazados los alimentos? ¿Tendremos hijos de laboratorio? ¿Mis nietos se casarán con un robot? ¿Puede usted, su majestad laboratorio, predecir el día (y la causa) de mi muerte? Como vemos, van directo al corazón. A meternos en las emociones de un tiempo aún no vivido.
En la ciudad de los bits (electrónicos), distintos autores que han escrito sobre el tema reconocen que los nombres de las personas se están cambiado y ahora se nos denomina xxx@com. Pero esa revelación va pareja con descubrir cada día que no se necesita salir de la casa para trabajar, para comprar, para visitar, para divertirse. Basta un computador bien conectado.
De esta manera, aquello que se dijo apenas unos años atrás de que la ciudad se llenaba de gente, de multitudes frenéticas, y la imposibilidad de vivir en ellas por exceso de congestión puede cambiar dramáticamente en el cercano futuro. Tendríamos más bien una casa todopoderosa, superinstalada y superconectada, frente a una ciudad desinflada, de poco uso. Como ya ocurre de hecho en varios centros de las ciudades, literalmente abandonados.
La era digital crea, entonces, paralela a la ciudad real, otra invisible, que crece cada día y, por tanto, está cambiando el concepto del espacio publico, de las relaciones sociales, de actividades culturales, de uso de rutinas diarias. En una famosa caricatura, recogida por el investigador del tema William Mitchell, un perro que escribe en una computadora le dice a otro de su especie: “En Internet, nadie sabe que tú eres un perro”. Y es verdad.
En la ciudad real de la arquitectura y los sitios, cada quien juega un rol, posee una clase social, una edad, un género, una ciudad, un estilo. Todo esto desaparece en la ciudad invisible de la era digital: @ quiere decir sin sitio, de cualquier parte del planeta. Se acaban las esquinas. La ciudad es más bien un acontecimiento urbano, que se va tornando un fluido presente alargado y sin cortes. El nombre se vuelve una clave de acceso y ser ciudadano será ejercer el nuevo derecho de tener acceso.
Educación y ciudad vuelven a encontrarse en un proyecto del porvenir. Por ahora, museos y sitios de arte incursionan con más propiedad, como si el futuro todavía fuese algo fantástico y, entonces, asunto especializado del arte.






