PC Secuestrado

November 20, 2005

El insólito caso sucedió en el Instituto de Seguros Sociales de la ciudad de Barranquilla-Colombia. Mas que una muestra de nuestro tropicalismo es una verdad de a puño de la manera en que la tercera edad debe pelear para que no los olviden, para que les paguen sus mesadas y les atiendan sus achaques. Cuenta indolencia a todo nivel. Es el colmo.

Anciano con mal de Parkinson
‘Secuestró’ computador para que le dieran droga

El caso ocurrió en el Centro de Atención Ambulatoria de la ESE José Prudencio Padilla, en el barrio Los Andes.

Por JUAN ALEJANDRO TAPIA

Aunque se enteraron de que el temblor en las manos de Joaquín Pérez Jimies se debía al mal de Parkinson, para decenas de usuarios de la ESE José Prudencio Padilla la razón de su estado de nervios, ayer en el Centro de Atención Ambulatoria (CAA) del barrio Los Andes, obedecía más a la rabia que a la enfermedad. No estaban muy lejos de la realidad, pues la desesperación llevó a este hombre de al menos 70 años a ingresar a las oficinas y apoderarse de un computador que se negó a devolver hasta que le suministraran la droga que requiere.

El ‘secuestro’ del computador, como fue calificado por los usuarios del Seguro Social que observaron la alterada reacción del anciano, fue para ellos el resultado de la pésima atención que reciben a la hora de reclamar las medicinas.

Hacia las 11 de la mañana, tras enterarse de que sus medicamentos no se encontraban en las bodegas, Pérez Jimies entró al área administrativa y sacó a la fuerza el monitor de un computador. “Pobrecito. Estaba a punto de darle un colapso. Todo el cuerpo le temblaba. No sé si era por el mal que sufre o por la rabia que tenía. Lo único que pedía era que le entregaran las medicinas, pero los funcionarios le contestaban que ellos no podían hacer nada”, relató una mujer que salió del CAA al observar la llegada de la Policía.


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A propósito de TLC

¿Por cual cuota de pantalla peleamos? Por la que nos negara o impondrá –pa’l caso es lo mismo- el TLC o la que ya padecemos?

Esa que no logró mostrarnos la llegada de la Nueva Reina de los Colombianos, nuestra Valery Domínguez, y que en los ‘noticieros’ subvencionados por el mismo canal tampoco reseñaron su triunfo como lo merecía para de paso acallar la lluvia de critica de otros medios informativos.

Esa que se pierde en choriceras de video clips, musicales sin ton ni son y consulta de médicos virtuales sanadores de todo.

O la que sigue afamándonos como chabacanes, buenos para nada, vulgares y otras especias en ‘espacios humorísticos’.

O la cuota que nos llega de pantallas interioranas que nos llegan con novelas –ya re_vistas en otros horarios y canales- concursos y copias de mal gusto.

No se cual es el afán de subirnos a la Gran Red, a un altísimo costo, ser virtuales cuando no hemos terminado de posicionarnos en nuestra realidad. Pongámonos serios.

Leyendo letras

Hay un lenguaje, quizás de tipo arcano, creado y alimentado en mullidos sillones de cuero y lujosos escritorios de madera-madera. Es un lenguaje cargado de estereotipos, de dogmas y de reglas invisibles (¿no es esto lo mismo que dogma?) que paren teorías sobre lo divino y lo humano sin despeinarse ignorando la realidad y su misma cotidianidad. Son los mismos que viajan miles de kilómetros y si ven que los lugareños se sientan en la puerta con una cava (acá le decimos una nevera) llena de cervezas y con música de fondo vienen y lo copian porque ellos embarcados en su aire acondicionado a mil no han visto que eso se usa hace rato.

Son los que viajan otros miles de kilómetros, también a otro país y se maravillan que haya un centro educativo subvencionado por los comerciantes e industriales y que estas mismas empresas sean bancos de prueba para esos futuros técnicos y demás. Abren la boca maravillados ignorando que el SENA fue traído de allá, de esos miles de kilómetros e implementado aquí. Pero no ellos son así. Maravillados por otras cotidianidades, otros imaginarios.

Son los mismos que tratan al pueblo de inculto e ignorante, pues en esos otros miles de kilómetros, la media de libro leído por habitante esta años luz de los tres o cuatro libritos que leemos nosotros. Pero, ¿Cómo hacen estas mediciones? Pregunto yo, ¿será que el bling de las cajas registradoras de las librerías es la que activa el counter?

Porque, acaso no es lectura, la lectura diaria del periódico –ese que compra un vecino y se lee medio barrio- o la elaboración del crucigrama gigante del mismo diario o el leer el manoseado comic (paquitos decíamos acá antes que esos mismos ‘cultos’ relegaran al comic al abismo de la oscuridad por ser lectura para vagos y gente sin oficio) y pirateados bestsellers. Dígame usted sino.

Entonces, se lee o no se lee?