Involucrando la Cultura en el desarrollo

June 29, 2005

“La cultura es comunicación y la comunicación es cultura.” Edgard Hall (1959: 186)

¿Cómo afecta la cultura el desarrollo y cómo podría involucrársela constructivamente en el mismo?
¿Quiénes necesitan comprender la cultura y por qué?

Cada vez con más frecuencia, quienes trabajan en desarrollo se hacen preguntas como las anteriores y reconocen que la cultura influye de múltiples maneras en las iniciativas de desarrollo. El trabajo en comunicación y VIH/sida ha dado impulso el tema, al enfatizar la relación que existe entre la comunicación interpersonal y el cambio social, lo mismo que la necesidad de tener en cuenta el contexto social y la cultura para encontrar respuestas efectivas al VIH/SIDA.

Sin embargo, existe una tendencia a ver la cultura como “lo que otros tienen”. Entonces, cuando de estrategias de comunicación se trata, la cultura solo se tiene en cuenta para adecuar a las creencias y tradiciones locales los mensajes concebidos y diseñados externamente, en una errónea concepción de su complejidad y de su papel en el cambio social. De hecho, la cultura moldea las prácticas, métodos y suposiciones, agn en el campo del desarrollo internacional, a pesar de que a menudo se asume que aquellos actores y agencias que planean racionalmente, no se ven influidos por su bagaje cultural. La cultura influye en la comunicación y el cambio social a todo nivel: desde la práctica de las organizaciones de elite hasta las creencias y tradiciones locales en el Norte y el Sur.

¿Cultura?
La cultura es difícil de aprehender, tal vez porque aparentemente está en
todas partes, y sin embargo no se reduce a ningún aspecto en particular.
Una reciente iniciativa de la UNESCO -”Cultura y VIH/SIDA: una aproximación cultural a la prevención y el cuidado”, basada en la Declaración de México (Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales, 1982), define la cultura como “las tradiciones, creencias, valores, estructuras de familia, relaciones de género, relaciones personales y sociales”. Bajo el lente antropológico, la cultura es una dimensión o aspecto de todas ellas, que define diferencias de grupo e identidades.

La cultura no es estática y homogénea, sino dinámica y contestataria; los recursos culturales son utilizados selectivamente en cualquier contexto por intereses particulares, para acentuar las diferencias y movilizar a las personas.

Algunos estudios antropológicos han resaltado la dimensión comunicativa, expresiva, de casi todo el comportamiento humano, especialmente de lenguajes y símbolos, rituales, artes y oficios, música, construcciones y monumentos. Los significados y valores culturales subyacen en la conducta y en las actividades y prácticas de la vida cotidiana. Los estudios sobre la “cultura material” han demostrado que los objetos y las cosas se utilizan para expresar diferencias y valores sociales; y que aún recursos globalizados como la ropa de diseñador y hasta el cricket, terminan incorporándose a las expresiones particulares en momentos y lugares determinados.

Las culturas indígenas por ejemplo, utilizan una notoria diversidad de medios de comunicación: danza, teatro, talla, pintura, canto y literatura oral; es interesante observar cómo estas expresiones están siendo nuevamente usadas en la comunicación contemporánea, gracias a su mayor capacidad de involucrar a las personas, en comparación con la escritura y la impresión.

Las instituciones y organizaciones tienen también una “cultura” (concepto cada vez más aceptado en el campo del aprendizaje organizativo); y las organizaciones de desarrollo no son la excepción. Los supuestos culturales moldean tanto las políticas públicas de las instituciones, como los intereses privados y los entusiasmos de individuos y grupos poderosos dentro de las organizaciones de desarrollo. Los antropólogos han explorado la dinámica cultural del desarrollo participativo, la “cultura del auditaje” en monitoreos y evaluaciones, y hasta los procedimientos y rituales de las visitas a un país del Fondo Monetario Internacional. El Overseas Development Institute ha hecho notar los procesos puramente políticos que influencian las políticas de desarrollo y ha cuestionado la idea de que éstas se basan únicamente en investigaciones y “evidencias”.

Cultura y desarrollo

Entonces, si la cultura está aparentemente en todas partes, ¿cómo influye sobre el desarrollo?

Algunas investigaciones adelantadas por Creative Exchange, red internacional de personas y organizaciones involucradas en el campo de la cultura y el desarrollo, han destacado tres aspectos de la cultura que afectan el desarrollo:

  • La cultura como contexto: el medio y ambiente social más amplios
  • La cultura como contenido: prácticas, creencias y procesos culturales locales
  • La cultura como método: actividades culturales y creativas de comunicación (teatro popular, música, danza, medios visuales, símbolos)

En el libro “Culture and Public Action”, la perspectiva económica de Amartya Sen presenta la cultura como un elemento importante de las “capacidades” que las personas aportan al desarrollo. La cultura influye en el desarrollo a través de la literatura, las artes y la música, como importantes formas de expresión cultural; actividades económicamente gratificantes como el turismo; actitudes y comportamientos relacionados con el trabajo, la recompensa y el intercambio; la tradición de debate público y participación; el apoyo social y la asociación; la herencia cultural y la memoria; y las influencias sobre los valores y la moral.

A través de ejemplos concretos, los editores del libro muestran que tomar en serio la cultura local puede llevar a un desarrollo más efectivo. Citan el caso de un grupo de trabajadoras sexuales de Kolkata; al prestar atención a su “lógica cultural interna” se logró involucrarlas en una campaña exitosa de sexo seguro. Y otro caso donde la falta de comprensión de la redistribución de la ayuda a través de redes de parentesco, socialmente aceptadas, contribuyó a empeorar la hambruna en Sudán.

Pero la cultura no es sólo un problema de creencias y tradiciones locales. Todo entorno se ve afectado por poderosas fuerzas económicas y sociales externas, que limitan las opciones de los actores locales. Lo ilustra el reciente trabajo de Catherine Campbell sobre la educación a través de pares entre trabajadoras sexuales y mineros en Sudáfrica. Factores como los estereotipos de género y la economía de la pobreza conspiran en contra de las trabajadoras sexuales y los mineros que practican sexo seguro.

Adicionalmente, y aunque el proyecto emplea extensamente métodos “participativos”, el aporte de trabajadoras sexuales y mineros se ve limitado por las relaciones de poder entre los varios actores involucrados en el proyecto y las tácitas suposiciones acerca de quién y qué debe cambiar. Tener en cuenta la cultura, entonces, significa también hacer explícitos los supuestos de los profesionales del desarrollo y de las organizaciones de élite.

¿Involucrar la cultura?

Si parece raro que algo tan ubicuo como la cultura haya sido relativamente invisible durante tanto tiempo en el campo del desarrollo, debemos también preguntarnos por qué la necesidad de comprender la cultura es repentinamente importante. ¿Por qué ahora? ¿Es para entender mejor las prioridades y valores de las comunidades? ¿O para “traducir” más efectivamente los mensajes del Norte? ¿Cómo será utilizada esta comprensión?

Algunas teorías indican que aumentar el conocimiento en un área particular en nuestro caso la cultura puede no ser simplemente un problema neutro de profundizar la comprensión, sino que podría estar ligado a cambiar las formas de gobernar la vida social. Algunas críticas a la antropología muestran cómo su comprensión de las culturas ha sido utilizada por ejemplo, para administrar las colonias. Otras señalan también, la naturaleza ambigua de las aproximaciones participativas al desarrollo, que pueden darle a las personas un mayor control, o amarrarlas a un tipo de desarrollo dependiente de las agencias, oculto bajo una apariencia de auténtica participación local.

En última instancia, es importante tomar en consideración el entorno específico y ver cómo las dinámicas predominantes de poder y los detalles del lenguaje, la cultura y las prácticas de participación le dan a la gente una mayor o menor autodeterminación.

Tanto los supuestos de las organizaciones de desarrollo, como los hábitos de la población local, deben ser examinados. De igual manera, es necesario entender que no sólo los receptores de la ayuda para el desarrollo deben cambiar su comportamiento.

Complejidad y cambio social
Otro hallazgo de la antropología es que comunicación y los procesos de cambio social y cultural son complejos, de muchos niveles, y que no pueden reducirse a las intenciones racionales, transparentes, de los individuos. La teoría de sistemas y la antropología sugieren conjuntamente, que el cambio social puede seguir patrones complejos y caóticos: los eventos locales y globales pueden producir resultados impredecibles.

Otros estudios sobre conflictos étnicos y medios muestran que ciertos símbolos pueden estimular a las personas de maneras no necesariamente racionales, democráticas o transparentes. El papel de la radio en el genocidio de Rwanda y el de los informes de prensa en los disturbios de Nigeria relacionados con el concurso de ‘Miss Mundo’, son dos ejemplos recientes. En Sudáfrica, la extendida creencia de que tener relaciones sexuales con una virgen cura el VIH/sida puede servir para validar prácticas sociales originadas en altos niveles de violencia de género.

La falta de acciones por parte del gobierno, los altos niveles de violencia sexual masculina, la prostitución infantil y las negociaciones en busca de influencia por parte de curanderos locales, son factores que se alimentan y a la vez perpetúan los mitos. Por qué algunos símbolos e ideas alcanzan tanta popularidad, es todavía un misterio; pero el proceso esta íntimamente ligado a a las dinámicas del poder y la cultura.

Es importante recordar que nuestro mundo sigue siendo un mundo de acceso desigual a los medios de comunicación y a los medios de producción cultural, que generan y mantienen los símbolos, representaciones e imágenes al servicio de los poderosos intereses predominantes. En consecuencia, para muchos, los programas de desarrollo deben centrarse en el fortalecimiento de la “voz” y los medios de expresión de las gentes que viven en la pobreza. No se trata solo de poner las preocupaciones populares en la agenda pública; se trata sobre todo, de apoyar las nuevas formas de expresión desarrolladas por las gentes, en sus propias y auto-definidas luchas.

La autodeterminación del cambio es otro aspecto importante. La complejidad de los cambios culturales y sociales pone de relieve el hecho de que la vida social podría ser menos susceptible a la planeación y el control desde afuera, de lo que se asume. Para algunos, esto significa que el énfasis de los programas de desarrollo debería estar en apoyar la libertad y la capacidad de acción de los actores locales – y que no se deben esperar resultados bajo los parámetros de desarrollo establecidos por Occidente. Por otra parte, los temas relacionados con el poder aparecen a todos los niveles: desde las prácticas culturales aparentemente dadas por sentado, hasta las estructuras globales económicas y políticas. Los actores locales que entienden una situación particular están en condiciones de aportar su conocimiento de las condiciones locales a su propio desarrollo. Pero si nuestra atención está solamente enfocada en lo local, las culturas más amplias de comunicación y poder que sostienen la desigualdad global seguirán vivas y gozarán de buena salud, tanto en nuestras cabezas, como debajo de nuestras narices. En cuyo caso, poco cambiará realmente.

Robin Vincent
Antropólogo Social y Subdirector de Exchange – vincent.r@healthlink.org.uk

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